viernes, 3 de agosto de 2012

CAPÍTULO 5.


5 1Cuando presentes un asunto a Dios, que no te precipiten los labios ni te arrastre el pensamiento. Dios está en el cielo y tú en la tierra: sean tus palabras contadas. 2En lo que soñamos asoman nuestras preocupaciones, en las muchas palabras se escucha al necio. 3Una vez hecha una promesa a Dios, no difieras cumplirla; no le agradan los necios, lo prometido cúmplelo. 4Mejor no hacer promesas que hacerlas y no cumplirlas. 5No dejes que tu boca te haga reo de pecado ni digas después al mensajero que fue por inadvertencia; pues Dios se irritará al oírte y hará fracasar tus empresas. 6Muchas preocupaciones traen pesadillas, muchas palabras traen vanidades; tú teme a Dios.

Autoridades

7Si ves en una provincia oprimido el pobre, conculcados el derecho y la justicia, no te extrañes de tal situación: cada autoridad tiene una superior, y una suprema vigila sobre todas. 8Con todo, sale ganando el país si el rey está al servicio del campo.

Riquezas

9El codicioso no se harta de dinero y el avaro no lo aprovecha: también esto es vanidad. 10Aumentan los bienes y aumentan los que se los comen, y lo único que saca el dueño es verlo con sus ojos. 11Dulce es el sueño del obrero, coma mucho o coma poco; el que se harta de riquezas no logra conciliar el sueño.
12Hay un mal morboso que he observado bajo el sol: riquezas guardadas que perjudican al dueño. 13En un mal negocio pierde sus riquezas, y el hijo que le nació se queda con las manos vacías. 14Como salió del vientre de su madre, así volverá: desnudo; y nada se llevará del trabajo de sus manos. 15También esto es un mal morboso: tiene que irse igual que vino, y ¿qué sacó de tanto trabajo? Viento. 16Toda su vida come en tinieblas, entre muchos disgustos, enfermedades y rencores.
17Ésta es mi conclusión: lo bueno y lo que vale es comer y disfrutar a cambio de lo que se fatiga el hombre bajo el sol los pocos años que Dios le concede. Tal es su paga.
18Si a un hombre le concede Dios bienes y riquezas y la capacidad de comer de ellas, de llevarse su porción y disfrutar de sus trabajos, eso sí que es don de Dios. 19No pensará mucho en los años de su vida si Dios le concede alegría interior.

5,1 Hay que guardar las distancias. El hombre no puede forzarlas a fuerza de hablar (Sal 115,16). También la tierra está organizada por Dios y no está a merced del hombre ni directamente ni por el camino de muchas plegarias.

5,2 Texto dudoso. Las muchas preocupaciones traen pesadillas, y así el hombre no descansa de noche (2,23); de modo semejante, las muchas palabras producen una voz, un timbre de "necio o insensato", con algo de pesadilla y falta de coherencia. ¿Y a esto lo llaman rezar?, ¿agrada eso a Dios?
Responde el verso siguiente.

5,3 Cita casi literal de Dt 23,22. Véanse también Sal 66,13 Y 76,12.

5,4 Véanse Prov 20,25 y Mt 5,33.

5,5 El mensajero es probablemente el sacerdote (Mal 2,78). "Por inadvertencia": según la legislación de Lv 4-5. Las excusas; en vez de arreglar sus asuntos, los empeora.

5,6 Texto difícil. Nuestra traducción añade
 una palabra. Qohelet parece sugerir que su reflexión despiadada fomenta más el auténtico sentido religioso que las plegarias multiplicadas de otros "necios".

5,9-6,12 El tema básico de esta reflexión son las riquezas y su disfrute. Las riquezas son sometidas a la prueba del esfuerzo requerido y del disfrute, después, a la prueba de la duración, de la muerte y la sucesión. Su valor queda así relativizado, mientras triunfa el principio del disfrute moderado. Dios puede concederlo, y esto es lo decisivo.

5,9 El codicioso, como no se sacia, quiere siempre más y vicia el sentido y función de la riqueza (véase 1,8). Por su parte yerra el avaro, porque niega por sistema el disfrute, destruyendo así el sentido de la riqueza.

5,10 Supongamos el caso del rico no avaro: tiene que mantener su fama y posición, tiene que invitar y ofrecer. Inmediatamente comienza a atraer a los gorrones, más cuanto más rico es (Prov 19,4.6). No puede negarse del todo, so pena de pasar por avaro. Y así le queda el amargo consuelo de ver que otros consumen el fruto de su esfuerzo, que él no puede disfrutar.

5,11 Otro inconveniente: la preocupación por guardar lo conseguido, las amenazas que atraen las riquezas.

5,12-13 Éste puede ser un avaro y también uno que guarda con mucho cuidado lo que posee. Las riquezas por naturaleza no son duraderas, y por eso su valor es relativo.

5,14-15 Y si las riquezas no acaban en vida de su amo, acabarán con su muerte. Véanse Gn 3,17-19 y Job 1,21; Sal 49.

5,16 "Come a oscuras" el contexto favorece el sentido metafórico: comer incluye cualquier clase de consumo, las tinieblas indican desgracia y tristeza; consumir sin llegar a disfrutar.

5,17 Así llegamos a la conclusión sabida: lo que vale es disfrutar de la vida sencilla (2,24-26; 3,12-13.22). Hasta aquí el proceso reflexivo ha sido bastante lineal. En adelante va a dar vueltas a esta conclusión.

5,18-19 Lo hace sugiriendo dos casos opuestos por la intervención de Dios. El primer caso comenta o ilustra la conclusión sobre la vida sencilla. Don de Dios no son las riquezas, sino el disfrute del propio trabajo.

5,19 Versículo dudoso. La alegría profunda, la satisfacción interna hacen que no pensemos en la brevedad de la vida, porque la alegría nos concentra en el disfrute presente. 

CAPÍTULO 4.



4 1También observé todas las opresiones que se cometen bajo el sol: vi llorar a los oprimidos sin que nadie los consolase, sin que nadie los consolase del poder de los opresores; 2y llamé a los muertos que ya han muerto más dichosos que los vivos que aún viven, 3y mejor que los dos el que aún no ha existido, porque no ha visto las maldades que se cometen bajo el sol.

Trabajo

4Observé todo el esfuerzo y el éxito de las empresas: es pura rivalidad entre compañeros. También esto es vanidad y caza de viento. 5Es que «el necio cruza los brazos y se va consumiendo». 6Sí, pero «más vale un puñado con tranquilidad que dos con esfuerzo».
7Otra vanidad descubrí bajo el sol: 8hay quien vive solo, sin compañero, sin hijos ni hermanos; trabaja sin descanso y no está contento con sus riquezas: «¿Para quién trabajo yo y me privo de satisfacciones?» También esto es vanidad y dura tarea.
9Mejor dos juntos que uno solo: tendrá buena paga su fatiga. 10Si uno cae, lo levanta su compañero. Pobre del solo si cae: no tiene quien lo levante. 11Más: si se acuestan juntos, se calientan; uno solo, ¿cómo se calentará? 12Si a uno solo lo pueden, dos juntos resistirán: el cordel triple no se rompe fácilmente.

Sabiduría.

13Más vale mozo pobre y hábil que rey anciano y necio, que no acepta avisos: había nacido pobre durante su reinado, 14y salió de la cárcel para reinar. 15Observé a todos los vivientes que se movían bajo el sol, estaban de parte del hijo que le sucedió; 16y aunque su predecesor tuvo súbditos innumerables, los sucesores no se alegran de su rey. También esto es vanidad y caza de viento.

Votos y promesas

17Vigila tus pasos cuando vas a la casa de Dios: «la obediencia es más aceptable que los sacrificios» de los necios, que obran mal sin darse cuenta.

4,1 Pero precisamente explotación y opresión se oponen a dicho principio. Por la explotación, el que no trabaja disfruta del esfuerzo ajeno, impone trabajo y roba disfrute. Y como el oprimido es más débil, se queda sin el menudo consuelo de la vida sencilla; y esto no se lo da Dios.

4,3 El verbo significa ver y sufrir o experimentar.

4,4-12 Dos reflexiones sobre el valor del trabajo en relación con otros valores humanos. En ambas el autor cita o imita refranes tradicionales para apoyar su reflexión.

4,4-6 En la primera se examina el valor del trabajo en relación con el compañerismo. El autor generaliza: el motor de tanto esfuerzo es la envidia y la rivalidad. Uno no sabe disfrutar tranquilamente de su trabajo mientras vea que el colega trabaja y rinde más. Así se inicia una fiebre de competición que destruye el compañerismo. Inútil defender semejante trabajo con el viejo proverbio contra los holgazanes -no consumen lo que producen, sino a sí mismos-, pues otro proverbio lo corrige.

4,7-12 El segundo caso es un hombre sin familia ni compañero. No tiene que trabajar para mantener a otros ni tiene que repartir con otro el resultado. Así puede dedicar todo el esfuerzo a sí mismo, puede acumular sin medida. Cuando lo indicado era reducir el esfuerzo a la medida de la necesidad. Más grave: con ese trabajo solitario y codicioso, el hombre se priva de otros bienes que nacen de la colaboración y el compañerismo. Tres proverbios o sentencias lo confirman: alzar al caído, calentar al aterido, defender al desvalido.

4,13-16 La tradición dice que la sabiduría ayuda a triunfar en la vida, aun en casos extremos y extremo es el caso que propone el texto: un joven, plebeyo, encarcelado y un rey neciamente seguro en su trono. Sucede un cambio de fortuna, debido en parte a la habilidad del joven, y la multitud sigue su partido. Hasta aquí el triunfo de la sabiduría.

Pero Qohelet abarca más en el tiempo y ve a los sucesores que se desvían del nuevo rey. A lo mejor ha repetido el proceso del precedente. Y el supuesto triunfo de la sabiduría resulta vanidad.
El texto hebreo ofrece una serie de dificultades, en parte por el uso ambiguo de los posesivos, en parte por las alusiones elípticas.

4,17-5,6 El autor se pone polémico al hablar del culto. No por hacer muchas promesas o votos a Dios va uno a cambiar el curso de los sucesos; y haciendo muchas promesas, quedarán no pocas sin cumplir; y dejando varias sin cumplir, uno se carga inútilmente de pecados. Ser religioso es respetar a Dios. Sobre los votos: Nm 30,3, Dt 23,22-24.

4,17 El principio tradicional dice que la obediencia vale más que los sacrificios (1 Sm 15,22; Os 6,6). Qohelet especifica irónicamente "sacrificios de necios". O sea, no ponderados, inoportunos; también los sacrificios tienen su tiempo. Interpreto la última frase de acuerdo con 5,5b. 

CAPÍTULO 3.


Tiempo y sazón

3 1Todo tiene su tiempo y sazón, 

todas las tareas bajo el sol:

2tiempo de nacer, 

tiempo de morir; 

tiempo de plantar, 

tiempo de arrancar; 

3tiempo de matar, 

tiempo de sanar; 
tiempo de derruir, 
tiempo de construir;

4tiempo de llorar, tiempo de reír; 

tiempo de hacer duelo,

tiempo de bailar;
Stiempo de arrojar piedras, 

tiempo de recoger piedras; 

tiempo de abrazar, 

tiempo de desprenderse; 

6tiempo de buscar,

tiempo de perder; 

tiempo de guardar, 

tiempo de desechar; 

7tiempo de rasgar,

tiempo de coser;
tiempo de callar,
tiempo de hablar; 

8tiempo de amar, 

tiempo de odiar; 

tiempo de guerra, 

tiempo de paz.

9¿Qué saca el obrero de sus fatigas? 10Observé todas las tareas que Dios encomendó a los hombres para afligirlos: 11todo lo hizo hermoso en su sazón y dio al hombre el mundo para que pensara; pero el hombre no abarca las obras que hizo Dios desde el principio hasta el fin.
12Y comprendí que el único bien del hombre es alegrarse y pasarlo bien en la vida. 13pero que el hombre coma y beba y disfrute del producto de su trabajo es don de Dios. 14Comprendí que todo lo que hizo Dios durará siempre: no se puede añadir ni restar. Porque Dios exige que lo respeten. 15Lo que fue ya había sido, lo que será ya fue, pues Dios da alcance a lo que huye.

Injusticia

16Otra cosa observé bajo el sol: en la sede del derecho, el delito; en el tribunal de la justicia, la iniquidad; 17y pensé: al justo y al malvado los juzgará Dios. Hay una hora para cada asunto y un lugar para cada acción. 18Acerca de los hombres, pensé así: Dios los prueba para que vean que por sí mismos son animales; 19pues es una la suerte de hombres y animales: muere uno y muere el otro, todos tienen el mismo aliento y el hombre no supera a los animales. Todos son vanidad. 2OTodos caminan al mismo lugar, todos vienen del polvo y todos vuelven al polvo. 21¿Quién sabe si el aliento del hombre sube arriba y el aliento del animal baja a la tierra?
22Y así observé que el único bien del hombre es disfrutar de lo que hace: ésa es su paga; pues nadie lo ha de traer a disfrutar de lo que vendrá después de él.


3,1-15 Y así viene la prueba del tiempo. Desaparece la ficción salomónica y ocupa la escena una visión universal. No se presenta en forma de experimento ni en tono personal (hasta el v. 10). Como si por el escenario pasara un desfile mudo. En eso estriba la fuerza de esa procesión implacable: catorce binas, cada pareja bien trabada, la serie heterogénea. Las hay individuales y colectivas, de sentimiento y de acción, el hombre las realiza o las sufre. Toda esa variedad tiene algo en común: el carácter polar, de extremos y oposiciones, su desarrollo en el tiempo. Desde el nacimiento a la muerte -primera bina- el hombre está colocado en el tiempo, que lo recibe, lo empuja, lo arrolla v lo expulsa, para recomenzar con otra generación (según decía 1,3). (En su soneto Gaita galaica recoge Rubén Darío seis de estas binas).

3,2 Son los límites de la existencia de los que el hombre normalmente no puede disponer.

3,3 "Matar" o dejar morir. Se puede referir a la guerra y a sentencias de muerte dentro de la ley. Como el autor no precisa, resulta terrible pensar que los asesinatos tienen su tiempo asignado.

3,5 El sentido de la primera bina es dudoso. Sabemos que los antiguos empleaban piedras para contar y para echar suertes; en tiempo de guerra podían asolar un campo cubriéndolo de piedras (2 Re 3,19.25). La tradición rabínica piensa que se trata de relaciones sexuales.

3,7 Véase Eclo 20,6.

3,9-15 El autor se fija ahora en los dos temas consabidos: la acción y la reflexión. Frente al ineludible vaivén de los opuestos, ¿qué actitud puede tomar el hombre? ¿Actuar para dominar el curso de los sucesos, para alterarlo?, ¿o tratar de abarcarlos y comprenderlos con el pensamiento?
Inútil lo primero, pues el hombre no puede añadir ni restar ni cambiar lo que Dios ha determinado. Fatal lo segundo, pues el hombre, impulsado a desbordar los límites de su propio tiempo, descubre que no puede abarcar la totalidad del tiempo, y así se desgarra entre el afán ilimitado de conocer y los límites de su conocimiento.

Único remedio, abandonar la ambición de actuar y conocer, contentarse con los bienes de la vida sencilla, que Dios otorga. Dios domina esta sección con su presencia y no se repite el veredicto de vanidad.

3,10 Véanse Ecl 1,13 Y 2,26.

3,11 Parece un comentario a Gn 1,31: con la precisión de Eclo 39,16.34. Dios ha dado a las cosas su sazón, a la mente humana el tiempo sin límites; como el hombre se asoma a él sin poder dominarlo, el pensamiento lo aflige y tortura. Otros traducen "eternidad" o "mundo" .

3,12 Véase 2,24. Aunque no se repiten todos los detalles, es claro que el autor remite a la conclusión precedente. Después del doble experimento (1,11-2,26) y del enunciado sobre el tiempo y sazón, estamos en el mismo punto programático.

3,14-15 "Todo lo que ha hecho Dios" pueden ser las obras de la creación, cielo y tierra, sol y luna, etc. Es fácil comprender que dichas creaturas duren siempre (véase, por ejemplo, Sal 72). Pero ¿qué decir de los sucesos y de los hombres? La visión cíclica parece responder a esta objeción: como el sol y el viento y el agua tienen sus ciclos (1,3-6), así los acontecimientos retornan perpetuamente. Esto parece difícil al hombre pero Dios puede "dar alcance a lo que huye" para hacerlo volver (véase Eclo 5,3).

Al "respeto / temor de Dios" llega Qohelet por el desengaño de la limitación humana. Así ha repasado el autor tres "dones" de Dios: las ''tareas'' para que se fatigue (1,13, 3,10), la duración indefinida para que piense (3,11), el disfrute sencillo de la vida (3,13).

3,16 Ecl 5,7.

3,16-4,3 Observación y reflexión sobre la injusticia humana. La opresión victoriosa y el oprimido indefenso son dos observaciones, "observé", el futuro juicio de Dios es una reflexión, "pensé". En el texto actual la visión de la injusticia establecida da ocasión a reflexiones pesimistas sobre el valor de la vida humana, en comparaciones cada vez más desoladas: el hombre y el animal, el vivo y el muerto y el que no ha existido.

Ante la injusticia los profetas alzaban el grito de la denuncia, los maestros sapienciales repiten consejos y avisos, los salmistas suplican y apelan a Dios para que intervenga. Qohelet se siente incapaz de actuar y siente que la injusticia establecida corroe el sentido de la vida. No sólo sufrir la injusticia es una tragedia, su mera contemplación amarga la existencia.

Qohelet es un pensador que, al aceptar lo inevitable, se desespera. Y, realmente, si la injusticia tiene asegurada la victoria total y definitiva, tiene razón Qohelet: no tiene sentido la vida humana, el hombre no supera a los animales, más vale no nacer.

3,16 Cada cosa tiene su tiempo, y el hombre no puede alterarlo; cada cosa tiene su puesto, y el hombre lo trastorna. La suprema institución de la justicia se convierte en sede y fuente de la injusticia (Sal 94,20), y se llega a una injusticia "establecida" (Is 5,7).

3,17 Pero también eso cae bajo la ley del tiempo: a la injusticia le llegará el momento de rendir cuentas ante el tribunal de Dios. ¿Se trata de un juicio histórico que restablece los valores?, ¿o de un juicio escatológico, como en Sab 5? El autor piensa simplemente en la doctrina tradicional (por ejemplo, Sal 11; 58; 94) y no se da por satisfecho.

3,18-21 Reflexión semejante al Sal 49; véanse también Prov 30,2 y Sal 73,22.

3,18-19 La prueba a que Dios somete al hombre parece ser la muerte invencible. Por su cuenta el hombre es un viviente más, un animal; compárese con Sal 36,7; 136,25. Qohelet radicaliza la visión: no niega que el hombre supere al animal, pero la muerte lo nivela todo (como en 2,14-16). Y por la muerte común, el balance es común: todo es vanidad, todo es fugaz e inconsistente (Con la agravante de la conciencia en el hombre, 9,5).

3,20 Comenta libremente Gn 3; se calla el tema del castigo, para concentrarse en la común condición humana. Se puede establecer una proporción: los ríos y el mar realizan el ciclo del agua, los vivientes y la tierra realizan el ciclo del polvo. Véanse también Sal 90,3 y Ec1017,1.

3,21 Algunos objetan: el hombre supera al animal, porque su espíritu es diverso y tiene un fin diverso; el aliento de los animales puede ser absorbido por la tierra, el aliento del hombre sube a la esfera celeste. No se trata de supervivencia de almas ni mucho menos de resurrección, pero sí de diverso destino. Qohelet duda de semejante teoría. Véanse 12,7 y Eclo 40,11.

3,22 Si el destino del hombre es la muerte y tras ella no se disfruta de nada, el hombre puede en vida recibir una paga limitada. Debe disfrutarla antes de que sea demasiado tarde. Trabajo y disfrute deben ser gobernados por un ritmo apropiado. 

CAPÍTULO 2.


2 1Entonces me dije: vamos a ensayar con la alegría y a gozar de placeres, y también resultó vanidad. 2A la risa dije «locura», y a la alegría, «¿qué consigues?». 3Exploré atentamente guiado por mi mente con destreza: traté mi cuerpo con vino, me di a la frivolidad, para averiguar cómo el hombre bajo el cielo podrá disfrutar los días contados de su vida.
4Hice obras magníficas: me construí palacios, planté viñedos, 5me hice huertos y parques y planté toda clase de árboles frutales, 6me hice albercas para regar el soto fértil; 7adquirí esclavos y esclavas, tenía servidumbre y poseía rebaños de vacas y ovejas, más que mis predecesores en Jerusalén; 8acumulé también plata y oro, las riquezas de los reinos y provincias; con un harén de concubinas para gozar como suelen los hombres. 9Fui más grande y magnífico que cuantos me precedieron en Jerusalén, mientras la sabiduría me asistía. 10Cuanto los ojos me pedían se lo concedía, no rehusé a mi corazón alegría alguna; sabía disfrutar de todas mis fatigas, y ésta era la paga de todas mis fatigas.

Evaluación: nada se saca bajo el sol

11Después examiné todas las obras de mis manos y la fatiga que me costó realizarlas: todo resultó vanidad y caza de viento, nada se saca bajo el sol.
12b¿Qué hará el hombre que sucederá al rey? Lo que ya habían hecho.
12a-13Me puse a examinar la sabiduría, la locura y necedad, y observé que la sabiduría es más provechosa que la necedad, como la luz aprovecha más que las tinieblas. 14El sabio lleva los ojos en la cara, el necio camina en tinieblas. Pero comprendí que una suerte común les toca a 
todos, 15y me dije: la suerte del necio será mi suerte, ¿para qué fui sabio?, ¿qué saqué en limpio?, y pensé para mí: también esto es vanidad. 16Pues nadie se acordará jamás del necio ni tampoco del sabio, ya que en los años venideros todo estará olvidado. ¡Ay, que ha de morir el sabio como el necio!
I7Y así aborrecí la vida, pues encontré malo todo lo que se hace bajo el sol; que todo es vanidad y caza de viento. 18y aborrecí lo que hice con tanta fatiga bajo el sol, pues se lo tengo que dejar a un sucesor, 19¿y quién sabe si será sabio o necio? Él heredará lo que me costó tanto esfuerzo y habilidad bajo el sol. También esto es vanidad.
20Y concluí por desengañarme de todo el trabajo que me fatigó bajo el sol. 21Hay quien trabaja con sabiduría, ciencia y acierto, y tiene que dejarle su porción a uno que no ha trabajado. También esto es vanidad y grave desgracia. 22Entonces, ¿qué saca el hombre de todos los trabajos y preocupaciones que lo fatigan bajo el sol? 23De día su tarea es sufrir y penar, de noche no descansa su mente. También esto es vanidad.
24EI único bien del hombre es comer y beber y disfrutar del producto de su trabajo, y aun esto he visto que es don de Dios. 25Pues ¿quién come y goza sin su permiso? 26Al hombre que le agrada le da sabiduría y ciencia y alegría; al pecador le da como tarea juntar y acumular, para dárselo a quien agrada a Dios. También esto es vanidad y caza de viento.


2,1-10 Responde el segundo experimento: los placeres. La sabiduría conserva una doble presencia. Para que el disfrute no destruya al que goza, ha de estar dirigido por la sabiduría práctica, y como se trata de un experimento, ha de ser observado por la sabiduría teórica. La serie de goces está sugerida por una corte oriental, en su versión bíblica del primer libro de los Reyes, completado con algún dato de las Crónicas.

2,1-2 El balance final se adelanta al comienzo, quitando toda ilusión.

2,3 Véase Sal 104,15. Segun Qohelet, el vino es para el cuerpo, mientras el corazón vigila, un beber sin emborracharse, sin perder el sentido. Disfrute comedido y distante. Claro está que, con esa distancia escrutadora, la frivolidad ya no es auténtica, la alegría queda cohibida.

2,4 Construir y plantar sintetizan la vida rural y la urbana (por ejemplo, Jr 1).

2,5 "Toda clase": una especie de paraíso (Gn 1,11).

2,9 La sabiduría es como un ministro (Sab 8,34) Por séptima vez se menciona la sabiduría en la presente perícopa.

2,10 La palabra "alegría" remite al v. 1. Hasta ahora ha resultado bien, pero ¿compensa la paga? Falta la evaluación, ya adelantada en el v. 1.

2,11-26 La evaluación se ofrece en gran escala. La experiencia de la sabiduría, del trabajo y de su disfrute forman el objeto de estas reflexiones. En la evaluación entra, sobre todo, la prueba de la muerte, que atrae los temas de la sucesión y de la memoria.

Según la doctrina tradicional, recogida por Eclo, el hombre que muere se perpetúa en la memoria y en la descendencia: Eclo 41,10-13; 39,9-11; 30,4-6. Según Qohelet,la muerte lo vanifica todo al imponer un límite irremediable. La memoria no es duradera, la descendencia no sabemos cómo será, y aunque fuese buena, disfrutará ella, no nosotros. Aunque en la vida haya valores y sin valores, la muerte lo nivela todo y proyecta esa nivelación en la conciencia del hombre vivo, se adelanta, relativiza. Al final se abre camino una visión teológica que no llega a deshacer la frustración; incluido ese saber teológico, el balance es "vanidad".

2,11 Es el momento de ponderar no sólo las empresas realizadas, sino también el esfuerzo requerido. La actividad febril no dejaba sentir el esfuerzo (el verbo 'amal no figuraba en 4-10), el cansancio final lo revela y obliga a un balance negativo.

2,12a El verso se puede interpretar de dos modos: como evaluación comparativa de la sabiduría con la necedad, de acuerdo con los versos que siguen; como veredicto sobre la sabiduría, "es necedad", de acuerdo con el experimento de 1,17.

2,12b Este verso todavía no ha encontrado explicación satisfactoria aunque esté bastante claro el tema de la sucesión. En la ficción salomónica el sucesor sería Roboán, el hijo necio que provoca la división del reino y comienza la decadencia. Roboán deshace lo hecho y prueba la futilidad del esfuerzo.

2,13-14 El autor comienza aceptando la distinción entre sabiduría y necedad propuesta por la tradición de los sabios. Y añade que es una distinción irrelevante confrontada con la muerte.

2,15 Compárese con Eclo 24,34 y 39,11.

2,16 El autor se está acordando de Salomón. Véanse Sal 49; Ez 28,7-10, Eclo 41,34.

2,17 Aborrecer la vida es algo excepcional en el AT: se pueden recordar Moisés (Nm 11), Elías (1 Re 19), Jeremías (Jr 20), Jonás, Job. En todos esos casos se trata de situaciones trágicas, del cansancio de la lucha o del dolor, mientras que Qohelet está hablando de un rey sabio y rico.

2,18 Es una reacción extrema y comprensible, de despecho y envidia. Destruye antes de dejar que otros lo disfruten. Véase Lc 12,20. Aquí toca el autor el fondo de la amargura; en lo que sigue lucha por remontarse.

2,20 Precisamente el desengaño será el recurso para encontrar remedio a lo irremediable. Cuando el hombre se desengaña de su ambición, aprende a disfrutar de los bienes sencillos y sabe recibirlos de manos de Dios.

2,21 Trabajar y no disfrutar, trabajar para otros, es una de las maldiciones clásicas de la ley y los profetas (por ejemplo, Lv 26,16; Dt 28,30-33). Y hay hombres -piensa Qohelet- que se condenan a sí mismos a semejante maldición.

2,22 Ecl 1,3.

2,23 Porque ocupados en el esfuerzo de acumular no tienen tiempo para disfrutar. Véase 1,18; Eclo 40,5.

2,24 No es el carpe diem del epicúreo, la despreocupación forzada de quien desea vengarse con tal grito (Is 22,13). Es la vuelta a los bienes sencillos, al ritmo equilibrado del trabajo y el disfrute, que dará sentido a la vida (Lv 26,10, Dt 28,8.11; Is 62,8-9). Para alcanzarlo hay que vencer una doble ambición: la de poseer sin límites y la de descubrir el último sentido de todo.

2,25 "Goza": otros leen "bebe" o "se abstiene".

2,26 El que supera las dos ambiciones o se desengaña, puede agradar a Dios y recibir la bendición de la vida sencilla: sensatez y alegría. Los dos bienes del doble experimento fracasado. El que no domeña la ambición, peca; es decir, yerra. Y Dios lo castiga entregándolo a su propio yerro, a la maldición de acumular para el que sabrá disfrutarlo con sensatez. Así lo dispone Dios y así hay que aceptarlo. Pero aun esto no compensa, es vanidad. El autor no quiere proponer su conclusión como solución plena del problema. Hay que buscar por otro lado, quizá ponderando el tiempo y sazón de cada cosa ... 

CAPÍTULO 1.


1 1Discurso de Qohelet, hijo de David. rey de Jerusalén:
2¡Vanidad de vanidades -dice Qohelet-; vanidad de vanidades, todo es vanidad!

Nada hay nuevo bajo el sol

3¿Qué saca el hombre de todas las fatigas que lo fatigan bajo el sol?
4Una generación se va, otra generación viene, mientras la tierra siempre está quieta. 5Sale el sol, se pone el sol, jadea por llegar a su puesto y de allí vuelve a salir. 6Camina al sur, gira al norte, gira y gira y camina el  viento. 7Todos los ríos caminan al mar y el mar no se llena; llegados al sitio adonde caminan, desde allí vuelven a caminar.
8Todas las cosas cansan y nadie es capaz de explicarlas. No se sacian los ojos de ver ni se hartan los oídos de oír. 9Lo que pasó, eso pasará; lo que sucedió, eso sucederá: nada hay nuevo bajo el sol. 10Si de algo se dice: «Mira, esto es nuevo», ya sucedió en otros tiempos mucho antes de nosotros. 11Nadie se acuerda de los antiguos y lo mismo pasará con los que vengan: no se acordarán de ellos sus sucesores.

Doble experimento.

12Yo, Qohelet, fui rey de Israel en Jerusalén. 13Me dediqué a investigar y a explorar con método todo lo que se hace bajo el cielo. Una triste tarea ha dado Dios a los hombres para que se atareen con ella. 14Examiné todas las acciones que se hacen bajo el sol: todo es vanidad y caza de viento, 15torcedura imposible de enderezar, pérdida imposible de calcular. 16y pensé para mí: aquí estoy yo, que he acumulado tanta sabiduría, más que mis predecesores en Jerusalén; mi mente alcanzó sabiduría y mucho saber. I7Y a fuerza de trabajo comprendí que la sabiduría y el saber son locura y necedad. Y comprendí que también eso es caza de viento, 18pues a más sabiduría más pesadumbre, y aumentando el saber se aumenta el sufrir.

1,1 El añadir títulos a las obras es costumbre bien conocida en el AT, pero no suele ser actividad propia del respectivo autor. El que escribió la presente atribución estaba impresionado por la exposición en primera persona que comienza en 1,12. Haciendo al hijo de David autor de estas reflexiones, sigue una respetable tradición israelítica, que mira al rey Salomón como modelo, patriarca y patrono de la literatura sapiencial.

1,2 La frase, casi a la letra, se lee al final del libro (12,8); por tanto, enmarca la serie entera de reflexiones dispares. La fórmula ha entrado en nuestra literatura y había que respetarla: "vanidad de vanidades". El vocablo hebel significa soplo, y por traslación, lo que no tiene sustancia, lo vacío, huero, nada. La construcción es una especie de superlativo, como "el cantar de los cantares", equivale a "el mejor cantar". Podríamos traducir: soplo liviano, suspiro leve, o bien, vacío completo, total sinsentido, nada de nada ...

El vocablo Qohelet funciona como nombre y como oficio, sin o con artículo: compárese con Esd 2,55 (soperet) o Is 40,9 (mebasasaeret). La traducción etimológica sería "asambleísta", y podría designar al que dirige la palabra.

1,3 La pregunta es muy sapiencial. El "asambleísta", en nombre de toda la asamblea humana, va a hacer un balance de la vida humana, gastos y ganancias en su correlación. Pero parece que el v. 2 ha adelantado la respuesta, provocando una resonancia irónica o invitando a no hacerse ilusiones.

1,4-11 Antes de entrar en harina, el autor (o quien sea) nos hace leer este breve poema, que establece la tonalidad del libro. Es una mirada que abarca audazmente todo el horizonte, "bajo el sol", y todas las generaciones humanas para establecer el principio de la desilusión. Repitiendo palabras y construcciones, reproduce estilísticamente la monotonía de lo que existe.

En la primera estrofa (4-7) desfila una cuaterna: la tierra inmóvil, el sol jadeante, el viento, los ríos. Es el mismo sol cada mañana, el mismo viento que gira, los mismos ríos que fluyen, el mismo mar que los recibe. Cada generación humana es lo único que no dura, aunque la nueva es igual a la anterior.

En la segunda estrofa está el hombre con su historia, si así se la puede llamar: a pesar de tanto suceder, es como si nada sucediese. En toda la pieza no aparece Dios, ni como creador ni como director de la historia. La mirada del hombre está encerrada "bajo el sol". El montaje paralelo de naturaleza e historia sirve aquí para naturalizar la historia. En el cosmos los mismos sujetos desempeñan el mismo papel, en la historia humana nuevos sujetos desempeñan el mismo papel.

1,5 Compárese, por ejemplo, con la visión triunfal, heroica, del sol en Sal 19, o bien con la visión del Señor que viene como sol que sale e ilumina, Is 60 y 62; Sal 57, o con la gran descripción de Eclo 43. Qohelet contempla un sol cansado, forzado a repetir cada día su trabajo.

1,6 Qué prestigio el del viento en el AT: Gn 1; Sal 104,30 etc. Qohelet contempla un viento encarcelado entre cielo y tierra.

1,7 Parece suponer que el agua de los ríos, llegada al océano, baja al océano inferior y lo atraviesa para volver a salir en los manantiales.

1,8 Transformar en palabra hechos y experiencias es toda la tarea del AT y la maestría de sus escritores. También Qohelet lo intenta, y desde el principio comenta su propio fracaso: compárese con Dt 29,3.

1,9 La sentencia es polémica; compárese con Is 43,18. Qohelet niega toda novedad objetiva y explica su apariencia por la falta de memoria. Pero, extrañamente, parece saber y recordar todo el pasado, pues afirma que todo ha sucedido ya.

1,12 Aquí comienza la ficción salomónica, que se extiende hasta 2,26. De la tradición y la leyenda toma Qohelet la sabiduría proverbial y el lujo fastuoso. Son las dos primeras experiencias que quiere realizar y comprobar Qohelet. La sabiduría tiene en estas líneas doble función: es el instrumento de la reflexión, la conciencia lúcida y vigilante, la distancia un poco irónica de la propia experiencia; es también el contenido, la masa de saber acumulado por una persona y comunicable a otros. No olvidemos a lo largo del libro esa doble dimensión, actividad y contenido.

1,13-18 Primer experimento: la actividad humana y la propia sabiduría. El texto está puntuado por una serie de verbos de observación, reflexión, comprensión: primero observa y reflexiona sobre las acciones ajenas, después reflexiona sobre sí mismo y sobre su propia reflexión. El balance de ambas es negativo. Ecl 1,3.10; Eclo 40,1 ss.

1,13-14 Mientras está ocupado, el hombre se distrae; cuando cae en la cuenta, se siente como esclavo que recibe de otro la tarea, percibe la aflicción del esfuerzo, y cuando llega a percibir los resultados, encuentra que no valía la pena el esfuerzo.

1,15 Pero la cosa no tiene remedio, el hombre está torcido y no tiene poder para enderezarse (véase 7,13). El hombre es un fracaso y ni siquiera puede medir su fracaso. ¿Será un remedio saberlo?, ¿o es mejor la beata ignorancia?

1,6-18 Responde el segundo paso del experimento: la reflexión de un sabio sobre el propio saber. Se refiere el sabio al saber sobre la vida humana: cuanto más sabemos de ella, más conscientes somos de su futilidad, la conciencia del fracaso multiplica el dolor. Por eso es necedad saber y trabajar por saber. Mejor es la beata ignorancia.

1,18 El verso tiene algo de sentencia conclusiva, de proverbio para aprenderlo de memoria. 

INTRODUCCIÓN.


En el momento en que experiencia y reflexión se constituyen en fuente de conocimiento y enseñanza, se siembra la semilla de la crítica. Esto sucedió en Israel bajo la palabra de los profetas (Is 29,14; Jr 8,9), que era crítica desde fuera. Pero sucedió dentro, en el seno de esa venerable tradición. Qohelet y Job son los dos exponentes máximos de esa crítica interior al ejercicio de la sabiduría, son dos momentos de un proceso dialéctico.

Qohelet se ha formado en una escuela y tradición sapienciales.

Conoce las enseñanzas tradicionales. Cita proverbios viejos o fabrica otros semejantes, que le pueden acreditar el título de maestro. No por ellos ha conseguido fama imperecedera, sino por su anticonformismo consecuente y honrado. Paradójicamente, Qohelet, que niega la supervivencia del nombre, tiene fama inmortal.

En la mente tormentosa del autor la sabiduría entra en conflicto consigo misma. Y esto de modo entrañable, apasionado, si pudiéramos hablar de pasión fría. Rebelde sin violencia, contestador sin arrogancia.

Qohelet quiere comprender el sentido de la vida, da vueltas en torno a ella -como el viento de 1,6- Y se estrella siempre en el muro de la muerte. En algunos momentos le parece que la muerte aniquila por adelantado todos los valores de la vida, y comenta con ironía amarga, desoladamente, "los vivos saben ... que han de morir, los muertos no saben nada"; otras veces, con más lucidez, comprende que la muerte relativiza simplemente los valores de la vida. Es un límite infranqueable llegado el momento, presente siempre a la conciencia.

Pero la muerte exige, impone, el aprovechamiento del tiempo no para realizar obras inmortales, que, si sobreviven al autor, de nada le aprovechan muerto, sino para acertar con el ritmo menudo de la tarea y el disfrute cotidianos.

En la vida humana también contempla injusticias y opresiones, que le llevan a sus conclusiones más desoladas. Ha visto el poder absoluto establecido "para mal del hombre" y él no hace absolutas sus palabras.


Qohelet observa la vida en torno, después se levanta a reflexionar sobre ella y luego se levanta a reflexionar sobre su reflexión, y en cada piso llega al desengaño. Escribe un libro brevísimo, y aun 
del valor de sus palabras no está seguro: "Cuantas más palabras, más vanidad". ¿Hay autor menos dogmático en el AT que este enigmático Eclesiastés? En él, la sabiduría se apea, llega al borde del fracaso; así encuentra su límite y se salva. Y de ahí brota algo impresionante. A caballo entre el siglo IV y 111 antes de Cristo (probablemente) un escritor crea un estilo nuevo, inconfundible e inolvidable.


Imposible averiguar cómo compuso el autor su obra. Puestos a ilustrar su aspecto, escogeríamos el modelo de un diario de reflexiones. Tienen algo de líricas estas breves páginas; un lirismo que se 
intensifica en algunos momentos. La prosa es muy rítmica rozando muchas veces con el verso, hasta hacerse indistinguible de él. Se repiten palabras frases y expresiones a la letra o con variaciones; retornan a modo de leitmotiv. Brotan frases sentenciosas en semejanza y en oposición. Se cita un proverbio y se comenta asintiendo o ironizando.

El libro ha influido directa o indirectamente en toda una literatura "de contemptu mundi".